Para cualquier consumidor nacional la revaluación del peso frente al dólar significa un portal para adquirir productos importados a precios nunca imaginados, como electrodomésticos, cámaras digitales, computadores, celulares, ropa, accesorios e incluso automóviles, pero ¿realmente es una ventaja para el progreso nacional y de su economía?
La verdad es que Colombia es un país productor que depende de sus exportaciones para crecer, por lo que ofrecemos bienes y servicios al mundo esperando comercializarlos, dependiendo siempre de los precios internacionales, y es aquí donde encontramos los problemas, puesto que los precios internacionales no son afectados por nuestra revaluación, así que, por ejemplo, un bulto de café continúa costando lo mismo, pero al momento de cambiar esos dólares de la venta a pesos colombianos, el exportador va a recibir menos pesos (pues un dólar cuesta menos pesos que antes), y sabiendo que los costos internos no bajan, como el sueldo, los servicios públicos y los insumos, finalmente el negocio de exportar resulta en pérdidas.
Ya ha sucedido que los precios internacionales no logren pagar al momento del cambio los costos de producción, por lo que las ayudas gubernamentales entran a sostener los negocios para mantener los empleos y las cuotas con las que nos comprometemos con los países con quienes tenemos tratados o convenios, como es el ejemplo de las flores, sector exportador que no se logra sostener con el precio internacional (para que fuese negocio debería vender más caro pero nadie compraría). Para este caso, igual que para muchos otros, el gobierno aprueba pagarles a un precio diferente al del mercado los dólares que traen tras las ventas, pero dicha diferencia es finalmente sacada de nuestros impuestos, por lo que a la larga una revaluación continuada afectaría tarde o temprano nuestros propios bolsillos.
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